La minería en México constituye una columna vertebral de la infraestructura industrial y macroeconómica nacional. Con más de 20 millones de hectáreas exploradas en 25 estados, la industria aporta el 2.8% del Producto Interno Bruto nacional y el 8.7% del Producto Interno Bruto industrial, generando 416,663 empleos directos en 574 operaciones activas. En 2024, el sector captó 5,060 millones de dólares en inversión extranjera directa, un alza del 15.9% liderada por Canadá con el 76.4% y Estados Unidos con el 10.6%.
Sin embargo, evaluar el subsuelo mexicano exige diferenciar entre la promesa de los recursos y la certeza de las reservas. En la ingeniería de minas, la distinción entre recurso y reserva determina si una anomalía geológica se convierte en un activo rentable. Un recurso mineral es una concentración de metales en la corteza terrestre con perspectivas de extracción, clasificado según su certeza en inferido, indicado y medido. Por su parte, la reserva minera es la porción económicamente explotable de un recurso medido o indicado. Esta conversión requiere aplicar un plan de minado e integrar factores modificadores como costos de procesamiento, disponibilidad hídrica, precios de mercado, certidumbre legal y licencia social.
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