Un camión eléctrico desciende desde una operación minera ubicada a más de 2.000 metros de altura, transporta su carga completa cientos de kilómetros y llega a destino con energía disponible. Sin embargo, una prueba exitosa no garantiza que la operación esté lista para reemplazar su flota diésel. Entre una validación técnica y una decisión de inversión existe una brecha operacional significativa. Electrificar una flota minera requiere demostrar que la solución no afectará la producción, además de asegurar la energía y la infraestructura necesaria, sustentar el caso económico y definir su implementación. Esto es especialmente relevante para Chile, país minero productor de cobre y litio esenciales para la transición energética global.
La electrificación no puede evaluarse con rendimientos promedio, sino considerando las características específicas de cada operación. El mercado dispone de cargadores de más de 300 kW, capaces de alcanzar cargas de 0% a 100% de la batería entre una y tres horas, dependiendo del estado de carga y del equipo instalado. Con la electrificación, cada vehículo se transforma en una nueva demanda para el sistema energético. La cantidad de equipos, sus horarios y sus detenciones determinan dónde cargar, cuántos cargadores instalar y qué potencia debe estar disponible. La experiencia de GHD en Chile integra análisis de data operacional, benchmark de alternativas tecnológicas, dimensionamiento de infraestructura eléctrica, evaluación económica y estrategias de implementación.
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