En industrias de alta exigencia operacional como la minería, la construcción y las telecomunicaciones, los trabajos en altura exigen rigurosidad técnica absoluta. Sin embargo, existe un factor de riesgo crítico frecuentemente subestimado: la fatiga acumulada del operador y el impacto de la incomodidad ergonómica en el desempeño y seguridad. De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), las caídas desde altura representan cerca del 28% de los accidentes laborales graves y fatales en Chile.
Si bien la fiscalización se centra en líneas de vida y arneses certificados, expertos señalan que el factor humano, condicionado por la fatiga física, juega un rol determinante en la ocurrencia de incidentes. Jornadas prolongadas utilizando Equipos de Protección Personal (EPP) pesados, rígidos o deficientemente ajustados generan incomodidad física progresiva. Este desgaste no solo afecta el bienestar del trabajador, sino que suele derivar en uso incorrecto del arnés, desajustes prematuros o, en casos extremos, en la tentación de desenganchar elementos de sujeción fundamentales simplemente para aliviar el malestar corporal.
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