La consolidación del sistema Red Movilidad con un total de 4.088 buses eléctricos en operación, equivalentes al 62% de la flota operativa distribuida en 38 comunas de la Región Metropolitana, proyecta un volumen inédito de celdas que cumplirán su ciclo de tracción urbana al descender del 75% u 80% de su Estado de Salud (SOH). La hipótesis de reubicar estos paquetes en sistemas BESS para contener el vertimiento renovable en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) enfrenta, sin embargo, condicionantes operacionales críticas.
La flota metropolitana combina buses estándar de 9 y 12 metros con modelos articulados y de dos pisos, los cuales operan bajo regímenes térmicos, topográficos y de carga pasajeros dispares. Al intentar conectar estos módulos en serie para conformar bancos de alta tensión conectados a subestaciones, la heterogeneidad en la resistencia interna impone el desbalance del ramal (string): la celda con mayor fatiga degrada la capacidad útil total y eleva el riesgo de sobrecalentamiento focalizado. La corrección de este desequilibrio exige sistemas de gestión de baterías (BMS) activos multinivel de alto costo y ensayos de espectroscopía de impedancia electroquímica (EIS) celda por celda.