Las menores leyes del mineral vuelven a posicionarse como uno de los desafíos estructurales más críticos para la producción de cobre global. En su más reciente actualización de proyecciones para 2026 y 2027, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) estimó que la oferta minera mundial alcanzará 23,5 millones de toneladas este año, apenas un 0,2% más que en 2025. Entre los factores que impedirían un mayor crecimiento de la oferta, Cochilco identificó las interrupciones operacionales, las menores leyes del mineral y los retrasos en la puesta en marcha de proyectos relevantes.
El análisis del organismo subraya que el desafío va más allá de cifras globales: refleja una tendencia estructura que afecta especialmente a la minería chilena. En Chile, el deterioro de las leyes del mineral es de larga data. De acuerdo con cifras del Consejo Minero, la ley promedio ponderada del mineral de cobre pasó de 1,13% en 2002 a 0,62% en 2024, una disminución cercana al 45% en poco más de dos décadas. Este escenario aumenta dramáticamente la presión sobre la capacidad de procesamiento y replantea la economía de los yacimientos maduros.
El impacto no se limita a volúmenes. Cochilco proyecta que entre 2025 y 2034 la producción de cobre crecerá 8,3%, mientras el consumo eléctrico de la industria aumentará 20,2%. El proceso de concentración concentraría por sí solo el 55% de la electricidad utilizada por el sector hacia el final de ese período, amplificando los desafíos de descarbonización y eficiencia energética que enfrenta la minería.
Bernardo Ossandón, ingeniero senior de NextOre, empresa de tecnología minera que forma parte de MagnaTerra Technologies, plantea una perspectiva estratégica sobre el problema: “Con leyes más bajas, la respuesta no puede consistir solamente en mover y procesar más roca. La capacidad de una concentradora es un activo limitado, intensivo en energía y costoso de ampliar. Por eso adquiere cada vez más importancia conocer qué material estamos enviando a planta y utilizar esa capacidad donde puede generar mayor valor”.
Esta diagnosis refleja un cambio paradigmático en la minería: cuando la extracción es física y la exploración es cada vez más difícil, la productividad migra hacia la optimización del procesamiento mediante información de alta precisión sobre el mineral antes de su transformación industrial. El sector ha respondido con el desarrollo de distintas familias tecnológicas. Al análisis convencional de muestras en laboratorio se han sumado técnicas de fluorescencia de rayos X (XRF), utilizadas para determinar la composición elemental de los materiales, además de sistemas de clasificación mediante transmisión de rayos X (XRT), capaces de distinguir material a partir de diferencias como su densidad atómica.
Otra línea corresponde a los analizadores instalados directamente sobre correas transportadoras. Tecnologías como PGNAA o PFTNA permiten medir en línea la composición elemental del flujo de material a granel, entregando información continua que puede ser utilizada para clasificación, mezcla, control de alimentación o gestión de stocks. Dentro de este desarrollo tecnológico se encuentra la resonancia magnética (MR), surgida de investigaciones de CSIRO, la agencia científica nacional de Australia, posteriormente llevada al mercado minero a través de NextOre. La tecnología está diseñada para determinar la ley de minerales seleccionados mientras grandes volúmenes de material se desplazan por una correa transportadora, proporcionando información en tiempo real sin interrumpir el flujo operacional.
El avance de estas tecnologías abre nuevas posibilidades en un escenario donde aumentar la producción no depende únicamente de extraer más mineral o ampliar las plantas de procesamiento. Con yacimientos más maduros, mayores requerimientos energéticos y una creciente presión por elevar la productividad, conocer mejor el mineral y utilizar esa información para decidir cómo procesarlo se está transformando en una variable cada vez más relevante para la competitividad de la minería chilena. Este cambio refleja una transición hacia modelos de operación más inteligentes, donde la digitalización y el análisis de datos emergen como herramientas críticas para mantener la viabilidad económica en contextos de leyes decrecientes y demandas energéticas crecientes.