El uso de agua de mar cruda sin desalar en plantas concentradoras del norte de Chile representa una solución de alta eficiencia en balance de capital (CAPEX) y consumo energético al prescindir de plantas de ósmosis inversa. No obstante, la matriz iónica del agua marina, con una salinidad cercana a 35 gramos por litro y concentraciones de magnesio superiores a 1.300 mg/L, altera profundamente la físico-química de la pulpa y la termodinámica de adsorción de reactivos en las celdas de flotación.
En la flotación tradicional con agua dulce, la selectividad entre sulfuros de cobre y pirita se logra elevando el pH a rangos alcalinos (pH 10,5 a 12) mediante la adición masiva de cal hidratada. En presencia de agua de mar cruda, este procedimiento resulta inviable: al superar un pH crítico de 9,3 a 9,5, los iones de magnesio reaccionan con los hidroxilos para precipitar como brucita, un coloide hidrófilo de carga superficial positiva. De acuerdo con investigaciones metalúrgicas de la Universidad de Concepción, las partículas coloidales de brucita se adhieren electrostáticamente a las caras basales hidrofóbicas de la molibdenita y a los sulfuros de cobre, cuya carga superficial es negativa.