Entre el 10 y el 20 de julio, la localidad de La Tirana en la Región de Tarapacá se transforma. Decenas de miles de peregrinos llegan al pequeño poblado de aproximadamente 1.000 habitantes para participar en una de las festividades religiosas más relevantes de Chile: la celebración en honor a la Virgen del Carmen. La tradición que hoy forma parte del patrimonio cultural del país tiene raíces profundas en la historia del norte de Chile.
Andrés Goycoolea, historiador de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes, explica que este evento nació originalmente como una festividad andina vinculada a la Pachamama y la Virgen de Copacabana, impulsada por obreros que trabajaban en las minas de plata y cobre de Huantajaya y Collahuasi. Tras la Guerra del Pacífico (1879-1882), las celebraciones se realizaban en distintas fechas según la nacionalidad de los asistentes: chilenos el 16 de julio, peruanos el 21 de julio y bolivianos el 6 de agosto. Fue hacia 1910, durante el proceso de chilenización de Tarapacá, cuando las autoridades unificaron la conmemoración en torno al 16 de julio, fecha dedicada a la Virgen del Carmen, Patrona y Generala del Ejército de Chile.