La conmemoración del Día Mundial de la Electromovilidad el 9 de septiembre sitúa a Chile en una posición estratégica dual dentro de la transición energética. Como principal productor mundial de cobre y segundo en litio, el país opera como eslabón primario para la electrificación del transporte global, al tiempo que consolida en Santiago una de las mayores flotas urbanas de transporte público cero emisiones a nivel internacional.
La sustitución del motor de combustión interna por trenes de potencia eléctricos altera sustancialmente el consumo específico de metales básicos. Un automóvil convencional requiere en promedio 20 a 25 kilogramos de cobre, mientras que un vehículo eléctrico a batería (BEV) demanda entre 75 y 85 kilogramos para bobinados de estator, inversores de tracción y cableados de alta tensión. En transporte de pasajeros la intensidad de materiales es más pronunciada: un bus eléctrico estándar utiliza entre 250 y 350 kilogramos de cobre y más de 200 kilogramos de carbonato de litio equivalente (LCE) en su banco de almacenamiento LFP.