Estados Unidos y Venezuela han oficializado un acuerdo bilateral a 25 años que otorga acceso a 65.000 millones de barriles de crudo recuperable en territorio venezolano, un volumen superior a las reservas probadas estadounidenses (46.000 millones de barriles). Este plan contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos bajo una meta de extracción superior a 1,5 millones de barriles diarios (bpd). El esquema financiero proyecta compromisos de inversión por US$ 100.000 millones y una recaudación fiscal estimada en US$ 209.300 millones entre regalías e impuestos, lo que equivaldría a un ingreso gubernamental cercano a US$ 19 por barril producido.
La estructura del acuerdo otorga a Washington una participación del 55%, consolidando un esquema de control mayoritario estadounidense sobre las operaciones. La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo que el proyecto "cumple con la Ley de Hidrocarburos" y permitirá dinamizar la economía nacional. Paralelamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señaló que el suministro facilitará la reposición de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) estadounidense —actualmente en 290 millones de barriles, cerca de su mínimo en 44 años— y situará la oferta venezolana en competencia directa con el crudo canadiense, tras el reciente estancamiento de las negociaciones comerciales entre Washington y Ottawa.